La Tarde que Venus visitó el Sol

Un articulo Escrito por nuestro amigo el Ing. Louis J. Taylor S. actual Presidente de la Asociación Panameña de Aficionados a la Astronomía (APAA).

_ Ivan Walkes (Productor)

 

Fue mientras tomaba una tacita de chocolate, lo recuerdo bien. Era una reunión de la Junta Directiva de la Asociación Panameña de Aficionados a la Astronomía. Estaba la Presidenta de la Asociación, la licenciada Maruquel Berguido y yo, como Observador de la Asociación. “Me preocupa esto Louis- me decía ella-, debemos hacer algo para el tránsito de Venus y no veo ningún movimiento”. Yo sinceramente no sabía qué comentarle. “Bueno, podría llamar a la gente… y acordamos un punto de reunión, no sé la Cinta Costera… Chame… Cause Way…” A Maruquel también se le veía hilvanando ideas: “Sí, por qué no en Cause Way, pero más allá, no en tierra, sino hacia donde están las islas… me parece que el Smithsonians tiene un lugar, ¿usted tendrá el teléfono del muchacho de Punta Galeta, en Colón?”


Se puso manos a la obra. Realmente ver el famoso tránsito de Venus, fenómeno en que el planeta Venus iba a pasar entre el Sol y la Tierra, para la latitud de Panamá, físicamente era una tarea llamada al fracaso. Ya se había comentado antes entre los miembros del APAA de este acontecimiento. El que pasó en el 2004, no se pudo contemplar porque fue en la mañana, y éste que estaba pronosticado para un 5 de junio a las 5 de la tarde tendría igual o peor características. Era en el ocaso, cuando el sol se está poniendo, muy cerca del horizonte y de las nubes crepusculares, en una fecha en que tradicionalmente en Panamá llueve y, si no llueve, el cielo está muy nublado. Prácticamente las garantías de ver este fenómeno -que sólo ocurre cuatro veces cada 243 años- eran nulas. El único consuelo era esperar volverlo a ver en el próximo tránsito en mejores condiciones; sin embargo, esa próxima vez sería en diciembre de 2117, así que ni modo había que tratar de verlo o había que tratar de verlo.

Del Smithsonians de Colón, mi amigo Jorge Morales, me contactó con Dayra Navarro, del Smithsonians en Panamá. Pudimos hacer una cita en Punta Culebra y ver el sitio de la futura observación. Muy alegre y cortés, a Dayra le encantó la idea. Estábamos muy entusiasmados que pudiésemos realizar esta tarea juntos. Pensé en ese momento hacerle la advertencia de rigor: “Tenemos buen horizonte hacia el Oeste, me parece que es un buen lugar, pero… pero… recuerda que todo se lo debemos al clima, y ahí sólo manda Dios, si no nos llueve, podremos contemplar el tránsito”.

Bien, ya teníamos el sitio. Ahora la organización: Maruquel tenía unas películas sobre Astronomía y el Universo que podíamos presentar. Aulio Hernández, nos colaboraría con la charla explicativa del fenómeno. Pero los telescopios… Y no podía ser cualquier telescopio, debía tener filtros solares ya que observar el sol sin los mismos es una vía segura hacia la ceguera. Escribí a todos los compañeros que sabía tenían telescopios con filtros de luz visible o con filtros de hidrógeno alfa. Ambos hechos para observaciones solares. El planeta Venus sería 32 veces más chico que el sol, así que su pequeña sombrita apenas sería como un lunar frente al gran disco solar, entonces la preocupación principal era proteger al observador de que un chispazo solar no pudiese lesionar sus ojos.

Aunque al principio nadie se comprometía -el evento era un martes en la tarde, que para todos es un día laboral- poco a poco fueron apareciendo los voluntarios. Inclusive, yo estaba en dudas, ya que por ser un día de trabajo, no creía que iba a tener la oportunidad de ver el fenómeno. Para ese fin, preparé a mi hijo, Luisín. Tratamos de practicar una tarde, pero había demasiadas nubes. “Bueno hijo, le dije, si hay que tomar fotos… las tomas tú.” La tenaz Maruquel y mi persona, conseguimos contactos con amistades y conocidos de los medios de comunicación para tratar de promocionar el suceso.

Poco a poco el día se acercaba, y todo era llover. Pero cerca de la fecha del evento, empezaron las calores y las tardes soleadas. Parecía un aviso de buen agüero. Incluso el día anterior, el 4 de junio, hizo una tarde espectacular. Y llegó el día 5…

La mañana fue muy soleada. Un buen pronóstico. Maru ya había asegurado un grupo de miembros de la Asociación de Astronomía para ir al sitio en Punta Culebra a la 2 de la tarde. Mi esposa logró el apoyo de una amiga para que llevara a mi hijo. Incluso, hablamos con nuestro amigo del observatorio de UTP en Penonomé, el Dr. Rodney Delgado, para que no nos perdiéramos el fenómeno sin tomar unas buenas fotografías. Los amigos del Smithsonians también tenían su logística bien preparada. Aparecieron más y más miembros de la APAA con telescopios, filtros y cámaras, la cosa estaba saliendo bien, hasta cuando, al mediodía, el día se nubló…

Cómo hablar con Dios para pedirle no por una obra de caridad, sino para que nos permita el éxito del compromiso -y no por asistencia, sino por el clima. El día se hizo cerradísimo de nubes, no lo podía creer. De una mañana espectacular a una tarde de tormenta. Creo que en ese momento me inspiré en los mejores diálogos con lo trascendente y lo divino. Estando encerrado en la oficina no podía ver nada, si el día mejoraba o no. Pude lograr una licencia para salir temprano y cuando finalmente logro ver el cielo…¡zas! Ahí estaba el Sol, grité: “¡Todo va a salir bien!” Mi hijo me chateaba: “Estamos listos… que venga el Sol”.

Punta Culebra estaba llena de gente. Cada miembro del APAA estaba listo con sus telescopios solares, reflectores y refractores con filtros, las cámaras a la orden. El sol todavía estaba tibio sin querer mostrar su faz, una nube gigantesca negra lo tapaba, pero a eso de las 5:15 de la tarde salió el Rey. Y con Venus al frente, pasando lentamente su sombrita para gustos de grandes y chicos. Gritos de júbilo, de ganas de querer verlo, salió del público. Las cámaras chirriaban de tomas y más tomas. Y todos juntos fuimos testigos de un fenómeno que más nadie lo verá hasta dentro de 105 años. Y finalmente el ocaso a las 6:20 de la tarde, culminando con el éxito.

Maruquel y yo nos sentimos satisfechos. Misión cumplida. Celebramos los del APAA y los del Smithsonians, tal cual como si hubiese sido un Eclipse Solar. Fue tremendo. Luisin me mostró sus fotos, los otros miembros también estaban contentos con las imagines que pudieron lograr.

Dios nos mostró nuevamente sus maravillas y para aquellos que lo vuelvan a ver en el 2117, los panameños no tenemos las manos vacías, tenemos toda una experiencia que se la podemos presentar.